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sábado 14, noviembre de 2015

La Boca no se tuerce

Buenos Aires recuperó la memoria. Otra vez se baila tango y los barrios del sur guardan un secreto en la noche: una luz encendida y el rumor que llega desde el fondo. Pero, ojo, ya nunca la verás como la vieras. Por Facundo Baños

La Boca no se tuerce

de Buenos Aires, lejos del cielo lavado que se vende en las postales de Caminito. El viento travieso levanta la pollera de una piba. Las chapas del conventillo resisten la estocada. Pablo Bernaba es el director del Quinteto Negro La Boca y vive ahí, en el barrio de todos los colores.

QNLB es una orquesta que supera los siete años de recorrido y que trabaja para ser protagonista del movimiento que Pablo llama “tango joven”. Ya puso en la calle tres trabajos discográficos que dan cuerpo a una estética musical amplia. Vienen a romper con la idea del tango for export. Saben que son dos caras de una misma moneda y tienen cosas para decir al respecto.

Apenas un año tenía el Quinteto y La Boca se veía azotada por una decisión política que avanzaba sobre muchos barrios: el gobierno porteño estaba barriendo con centros culturales y espacios de encuentro vecinales. Corría el año 2009. La autogestión, las redes comunitarias y la exaltación de la cultura popular no son los mejores síntomas para una gestión conservadora. Tal vez esta estirpe de dirigentes políticos prefiere el tango del lucro, empaquetado y listo para despachar.

Quinteto Negro formó parte de esa resistencia barrial y alentó la organización de un festival de tango independiente junto con Ángel Osciglia, Gustavo Núñez y César De Carli. Había que devolver al barrio la mística que supo tener. Sin provocar estéticas propias de tiempos pasados, pero rescatando y revalorizando el orgullo boquense. Pablo dice que ellos no van a caer en una postal: “No hay ahí una búsqueda real. Es una fachada de cartón que no esconde ningún secreto”.

En noviembre se llevará a cabo la VI edición del Festival de Tango de la República de La Boca: Teatro Catalinas, Malevaje, el Verdi, Teatro Brown, Boca Juniors, Bomberos Voluntarios, ya saben lo que es vestirse de milonga un par de días al año.

En la vorágine del segundo festival surgió la Escuela Popular de Tango de La Boca: el Estado se empeñaba en clausurar ámbitos comunitarios y la gente inauguraba otros espacios para volverse a encontrar. El manifiesto que ha publicado QNLB resalta las ganas del grupo de transformarse en un colectivo cultural, más allá del alambrado de la música y el tango. En esos párrafos invitan a los vecinos a bailar y escuchar pero, también, a pensar juntos. Dice Pablo que es preciso combatir la imagen típica del tanguero engominado porque esos símbolos funcionan como un sarcófago. Del pasado, entonces, han tomado la esencia. El resto está por verse.

Él dice que pudo haber habido varios motivos. Lo cierto es que, entrados los sesenta, el tango de Buenos Aires era como un boxeador caído en desgracia. Miraba su cinturón descolorido y dormía en las sombras de una pensión. Gobiernos cipayos que se colgaban el cartel de “revolución” lo habían censurado, las orquestas se encarecían y la noche porteña se apagaba como una vela. En tanto el murmullo de las músicas extranjeras era cada vez más fuerte. Aparecían Sandro y Palito Ortega: los nuevos ídolos populares. Había llegado el fin de una era.

El tango fue la cajita musical de su niñez. Luego, en su juventud, le dio la espalda a la marca de sus padres: “Hacía guitarra eléctrica, piano, teclados, pero tocaba rock. Recién con el tiempo fui metiendo fusiones y animándome al tango, pero fue un pasaje lento”. Hoy pisa los cuarenta y sus búsquedas tienen un suelo firme.

La música popular de Buenos Aires había sido desprestigiada y ciertos sectores de poder le hacían mala prensa. Para colmo, la camada de pibes que se forja en el filo de la dictadura y la democracia la pisotean porque eso es cosa de sus viejos. El cinturón del campeón se rifaba en las rebajas de las disquerías.

El viaje del Quinteto Negro se da en el terreno de lo impensado: cruzan paisajes inhóspitos y se desvían en zonas poco recomendables. Ese espíritu infantil los llevó a mestizar el tango de La Boca con el candombe de Montevideo y el rap antisistémico. Las letras que compusieron en base a textos de Osvaldo Bayer rescatan a los bandidos rurales de comienzos del Siglo XX. Les amarran los pies con las boleadoras y los traen de regreso para que esas historias no se pierdan.

El tango joven canta lunfardo pero no tuerce la boca. Eso no va más. Como dice Pablo: “Habría que ver qué somos. Lo que está claro es lo que no somos y lo que no queremos ser”. El Teatro Brown tiene sus puertas abiertas y ahí sigue funcionando la Escuela Popular de Tango: popular y amateur, porque no hay ninguna restricción. Es gratuita y no se cierran los cupos, no hay un tope de edad ni exigencias de conocimiento. Todas las semanas se dan clases de canto y bandoneón, y ya funciona un ensamble que pone la piel para que fluya el tango.

No está claro qué tango es, pero hay un perfume en el viento que despeina a los perros. Algo lleva esta llovizna que ya empezó a caer y que viborea en las rendijas del empedrado.

EL DATO

Del miércoles 11 al sábado 14 de noviembre se realizará el VI Festival de Tango de la República de La Boca. En la apertura tocará la Orquesta Nacional de Música Juan de dios Filiberto. La Programación completa en Fb/Sexto Festival de Tango de la República de La Boca.

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