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martes 30, diciembre de 2014

"Ser cómico es una postura ideológica"

Nació en Morón pero desde hace años que elige Barracas para vivir. El fútbol y la música fueron sus primeros amores. La actuación llegó mucho después y, con ella, su éxito en la televisión. Simple, histriónico, sincero. Diego Capusotto. Por Leandro Vesco 

Diego Capusotto es uno de los cómicos más grandes de nuestro país, pero es un vecino más que camina por Barracas saludando a todos, con esa sensación de encontrarse con un viejo amigo, la gente lo para y lo felicita por su trabajo. Es inevitable hallarlo en cualquier esquina del barrio. Barracas es su mundo y el sur de la ciudad cobra un sentido especial cuando su andar se siente por Montes de Oca al fondo. Ganador de tantos premios y de un reconocimiento popular profundo y callejero, que no cree en la reencarnación “ni mucho menos, somos seres absolutamente efímeros e intensos a la vez”, nació en Morón y su vida en un primer momento se ubicó entre el fútbol y la música. “Dos cosas que estaban ya decididas”. Siempre sostuvo una búsqueda por hallar un espacio que contuviera su personalidad histriónica, y que lo alejara de la formalidad.
 
“Necesitaba ver si el teatro me resultaba movilizador. Yo sabía que no quería terminar trabajando en una oficina, y quería tener una banda, cuando esas dos cosas se frustraron, el teatro todavía era algo muy lejano. No tenía la proyección de ser actor”. Su familia tuvo poco vínculo con el arte, a pesar de que su madre fue profesora de piano. Su padre trabajó en Segba y tenía un negocio de foto duplicación, que atendió. “Con papá siempre tuvimos una muy buena relación y laburamos juntos. Recién pude vivir de la actuación a partir de la TV”. Acaso sea este rasgo el que mejor defina a Capusotto, el que siempre fue un trabajador y para él el arte es un oficio más, no existe un solo gesto en él que denote divismo. Diego eligió en su vida cuando había que elegir y se guió por su intuición. “El teatro comenzó a darme mucho placer, estuve siempre en la búsqueda de algo más intenso emocionalmente, aunque yo sabía que con el teatro no iba a vivir”.
 
Comenzó con un curso convencional de actuación en el teatro Arlequines. “Pero al segundo año ya armaba espectáculos con compañeros, entré en contacto con la dinámica teatral, con textos nacionales”. El movimiento de piezas ya estaba hecho. “Sentí la actuación como algo de suma importancia, para justificar mi existencia”. Sobre el oficio, resume: “Hay algo que vos provocás con el cuerpo. Ser cómico es una decisión, es una postura ideológica. Es un poco descomponer los discursos, ya sea como crítica o para inventarse una realidad paralela. La actuación te da la sensación de campo tomado. El tema está en la generosidad, en querer compartir lo que haces o en cambio corrés el riesgo de que ese campo tomado te convierta en un megalómano, que es el peor mal de todos los tiempos. Pero en el nuestro es peor porque hay megalómanos que son pelotudos. Hoy podemos ver generales de batalla que no existen, y que ni siquiera han empezado a pelear”.
 
En el pensamiento de Capusotto está presente siempre el goce y el juego, ejes fundamentales por los cuales pasa su arte. “El humor es un territorio de juego, tiene como antecedente que te estás escapando de algún lugar, sobre todo cuando sos grande, de niño no necesitás escaparte. Mis personajes se mueven en un mundo que no encajan, llenos de problemas. El humor es un arma de ataque y de defensa a la vez”, aclara cuando indaga sobre sus creaciones que se han convertido, muchas de ellas, en íconos de nuestra cultura. “Cuando sos grande entendés menos el sentido de la vida y esto te angustia mucho más”.
 
Diego es un teórico del arte y su relación con el pueblo, piensa en el primero como herramienta para que el segundo mejore. “Existe la posibilidad de que alguien produzca algún tipo de milagro desde la ficción. Uno es portavoz de una idea que a lo mejor le pertenece a muchos, y puede impactar en unos y en otros no, ese es un aprendizaje que hay que tener.” La clave para él estaría en asumirnos como artífices de nuestro propio destino. “Tenés que convertirte vos mismo en un personaje para resolver problemas cotidianos”, de esta manera lleva al arte a un lugar de utilidad diario, cuando muchos se esmeran en encriptarlo y desarrollarlo sólo para entendidos. “No hay nadie más importante ni menos, somos todas personas desorientadas”. Diego sigue siendo el mismo que atendía el negocio con su padre, sólo que su trabajo ahora es útil para millones. “Me gustaría ser una especie de duende y no alguien que sólo hace bien su trabajo”, se autodefine.
 
Hace muchos años que Capusotto vive en Barracas, sobre el barrio siente que “que hay dos barrios en uno. Se ve una zona fabril, con un estado de bienestar menor”. El sur es además un lugar común al que muchas veces se vincula con la inseguridad. “Es más fácil de apuntar al lumpen que vive en la villa que está a 20 cuadras, que sale de gira y que transita tu territorio y viene a por lo que vos construiste, que apuntar al poder económico”. El mediodía se acerca y este duende que esconde una risa demasiado humana, se despide y asegura a modo de confesión: “La felicidad se repite, es como ese asado que va a volver a suceder”.
 


 

 

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