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miércoles 18, febrero de 2015

Descontaminados

 

 
Con seis años de atraso, comenzó el proceso de relocalización de la villa 26. Son 108 familias que, en el marco de la causa Riachuelo, se mudaron a un complejo de viviendas dentro del mismo barrio de Barracas. El resto espera una segunda etapa que aún no tiene fecha prevista. Por Martina Noailles

 

Descontaminados

El día ansiado llegó para un centenar de familias que durante décadas habitó la villa 26, en el borde más contaminado de Barracas. Son 108 y desde el 19 de enero viven en un complejo donde sus derechos básicos están garantizados. Son flamantes propietarios en el mismo barrio a donde sus hijos van a la escuela y se atienden en el hospital. Departamentos con habitaciones para cada miembro de la familia, con servicios que funcionan, y aire y tierra que no llenarán de plomo sus vidas.

 
La relocalización se dio en el marco de la Causa Riachuelo y tardó seis años. Quizás por esa enorme demora del Gobierno porteño, la mayoría pensó que nunca llegaría. “Es empezar una nueva vida”, repetían los vecinos mientras subían bajo la lluvia heladeras, muebles, bolsas, cajas y más cajas a los camiones de mudanzas que los llevarían hasta Luzuriaga 837, también en Barracas.
 
“Esto es el resultado de una lucha de muchos años; con niños enfermos por la contaminación del Riachuelo y gente con cáncer, como mi hijo que murió hace cinco meses sin poder ver lo que parecía imposible y hoy está comenzando a ser posible", señaló Serafina Falagán, presidenta de la junta vecinal del barrio y una de las que esperan una segunda etapa de mudanzas, aún sin fecha prevista.
 
Es que esta relocalización sólo incluyó a la manzana 2 de la villa, el extremo más cercano al Puente Bosh y donde hace medio siglo se ubicaron los primeros pobladores. Pero el barrio tiene un total de 240 familias, todas dentro de la trama del camino de sirga del Riachuelo que la Corte Suprema ordenó liberar en 2008.
 
“Hacer efectivo el derecho a la vivienda digna es algo conmovedor de ver”, reflexionó a Télam Horacio Garcete, coordinador del Equipo de Trabajo Causa Riachuelo de la Defensoría General de la Nación, quienes estuvieron presentes la semana que duró la mudanza, para resguardar que se cumplan los derechos de las personas reubicadas.
 
El defensor oficial lamentó que "la reparación para la villa 26 llegue tarde, seis años después, y que aún no tengamos acceso a la información oficial sobre cuándo se concretará el traslado de las otras familias a los dos edificios que está construyendo, con mucho retraso, el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC)". "Esperemos se de a fines de este año, como máximo", pidió Serafina, quien espera llevar allí su centro comunitario "Los Ángeles", donde da de comer a 215 niños que también reciben apoyo escolar.
 
Además del complejo de Luzuriaga, el IVC construye para los vecinos de la 26 otros edificios en la Avenida Lacarra al 2000 y San Antonio al 700. Las obras vienen atrasadísimas y con los plazos previstos más que vencidos: “Los dos edificios no superan el 30 por ciento de su construcción, así que esperemos que esto dé un giro y tenga la velocidad que no tuvo en seis años y medio", enfatizó Garcete.
 
La mudanza
 
Emoción, lluvia y policías inundan el primer día de la mudanza. En la 26 los camiones van y vienen mientras las topadoras tiran abajo las casas precarias levantadas en una orilla que pronto, liberada, se transformará en “camino de sirga”.
 
En Luzuriaga todo son sonrisas y abrazos. El predio está compuesto por seis edificios de cinco pisos, con dos ascensores cada uno. El complejo tiene 112 departamentos. Los cuatro restantes –se mudaron 108 familias- serán destinados a familias que al momento de la construcción vivían en el terreno.
 
"Todavía estamos en shock", dice Eric Soria desde su nuevo hogar en la torre de balcones amarillos. Vivió 17 años en la villa 26, tiene dos hijos, trabaja en una mensajería, y su mujer, de maestranza. “Hace años que nos venían diciendo que se iba a hacer esto. Ayer no dormimos, así que imaginate cómo estamos. Allá en la villa vivíamos en un cuarto así de chiquitito, todos juntos, no te das una idea lo que era. Como se vino hablando en el barrio, y con las autoridades, la vivienda es el primer derecho digno. Ahora lo veo, lo vivo, y lo repetiré hasta que me muera. Además de dos cuartos, tenemos baño, cocina-comedor, con todo puesto, con todo como para llevar una vida con la normalidad que todo ser humano necesita", dice al diario Tiempo Argentino, uno de los pocos medios en publicar la buena noticia.
 
Frente a la cámara de Acumar, Marta sintetiza: “Después de 27 años salimos de esto. Fue una lucha tener lo que tenemos. Mi hijo sufre de asma y de alergia y cuando llega el invierno no puede ni respirar. Esto le cambiará la vida. Estamos felices”.
 
Más de 1200 familias porteñas, en su mayoría pobladores de la villa 21-24 siguen esperando ser los próximos. Sueñan con vivir en un techo digno y con no sufrir un desarraigo del barrio donde crecieron esos sueños. La mudanza de la 26 riega la esperanza y abraza a quienes siguen organizando la lucha para que sus derechos se cumplan.

 

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