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jueves 16, julio de 2015

Inundados parte 2

 

En 2010 una marcha de padres bajo paraguas reclamó obras urgentes por las constantes filtraciones en la Escuela Della Penna. Como respuesta, llegaron algunos parches que no resolvieron el problema de fondo. Días atrás, el agua volvió a caer porque las obras de impermeabilización que debían hacerse en el verano aún no terminaron. Por Leandro Vesco

 

 Inundados parte 2

La Escuela 8 de La Boca Carlos Della Penna no está en su mejor momento. Su realidad parece reflejar el interés y la estrategia que el gobierno municipal tiene sobre la educación pública. Obras que no se hacen en tiempo y forma, controles que faltan, números que no cierran. Y en el medio de estas desafortunadas causas, los niños que deberían recibir una educación de calidad y la contención básica que una escuela debe asegurarles, están en el incertidumbre de que no se le caiga un techo (o un ventanal como el año pasado), no se inunde la escuela o que no se produzca un cortocicuito. Difícil estudiar correctamente en este contexto.

 
La historia reciente de la Escuela Della Penna es una novela en varias entregas con un mismo guión: el desinterés del Gobierno porteño por asegurar un plan de obras serio que contemple la solución definitiva a un par de problemas que se vienen suscitando desde hace mucho tiempo.
 
Las obras que hoy se están llevando a cabo en el establecimiento con un costo de más de 4 millones de pesos ($4.350.783,71) deberían haber comenzado y terminado en las vacaciones de verano, para no entorpecer el normal desenvolvimiento de las actividades escolares. Esto es lo que primero no se ha cumplido; de esta forma, en horas de clases conviven obreros y estudiantes que deben someterse a ruidos que no son compatibles con un clima en donde debería primar la tranquilidad. Cuando finalmente la comunidad educativa estaba viendo que las obras –mal que mal- se estaban llevando a cabo, una lluvia desencadenó nuevamente el descontrol.
 
El 29 de junio pasado los alumnos y padres se desayunaron con la noticia de que la escuela estaba inundada. ¿Los motivos?, muy simples: la falta de control y la mala ejecución en la obra no resistió la primera gran lluvia. Consecuencias de la desidia: aulas, hall y demás dependencias bajo agua. Es por esto que la Cooperadora y un grupo de padres autoconvocados redactaron un texto dirigido a Fernando Domínguez de la Dirección General de Infraestructura Escolar; a la supervisora del DE 4, Marcela García, y a la directora de la escuela Marisa García, en el que exigen: que se realice un informe pormenorizado de lo sucedido, que se informe el estado actual de la obra, que se informen los deterioros ocasionados y las pérdidas, se pide que el inspector de Obra (colocado por la empresa contratista) indique qué medidas tomó de prevención, sobre todo en los sectores en donde aún no estaba terminada la obra (para evitar deterioros) así como también que el inspector permanente de obra (dependiente del Gobierno de la Ciudad, de la cual depende la escuela) también dé cuenta de su gestión, que se informe sobre el plan de obra y –lo más importante- que se garanticen las medidas de seguridad para los alumnos.
 
Yuri Dambitsch, padre y miembro de Cooperadora, explicó: “Queremos que de una vez por todas se resuelva de manera eficiente las filtraciones de nuestra escuela, que se utilicen de manera correcta los recursos económicos de nosotros, los contribuyentes, que se controle la obra y se garanticen condiciones dignas de enseñanza y aprendizaje”.
 
Al cierre de esta edición, y apenas un día después de que la Cooperadora entregara el petitorio a la Dirección de la escuela y a la Supervisión del Distrito, se hizo presente el arquitecto Carlos Cosentino, responsable de la empresa contratista que lleva adelante la obra. Con su presencia y la de la directora de primaria, Marisa García, se improvisó una reunión a la salida del turno mañana. Frente a los padres, Cosentino explicó que la empresa no había podido terminar las tareas de impermeabilización de toda la superficie “ya que no contaban con garrafas de gas debido a un paro de los distribuidores”. Por ese motivo, dijo, el agua de lluvia se filtró por aulas, pasillos y rampas.
 
Cuando se le consultó porqué las obras no se habían realizado durante el receso escolar, el arquitecto indicó que “hubiera sido lo ideal por las características y consecuencias de la obra”. Es decir, semanas de invasivos ruidos ocasionados por la utilización de martillos neumáticos, evacuación de escombros, más el comienzo de temporada de lluvias. Pero si eso era lo ideal, ¿qué pasó? Según Cosentino, el comienzo de la obra no dependía de la empresa sino del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad, en su área de la Dirección General de Infraestructura Escolar. También reconoció que la Della Penna es una escuela “modelo” pero que “no cuenta con el mantenimiento necesario”.
 
La Cooperadora informó que invitará al arquitecto a que profundise la explicación en una reunión programada, dado que sus palabras fueron difíciles de comprender al aire libre y entre los gritos de los docentes a la hora de salida de los niños. Por otra parte, los padres del turno tarde ni siquiera pudieron enterarse de lo sucedido.

 

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