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martes 22, diciembre de 2015

La Boca en la calle

Durante el último mes, los vecinos y las organizaciones sociales y políticas del barrio se movilizaron ante cada injusticia. Reaccionaron al instante cuando un policía de la Metropolitana baleó a un joven y, para encubrir el gatillo fácil, las versiones oficiales intentaron instalar la idea de enfrentamiento. Volvieron a salir con un festival cultural para rechazar la privatización del campito de Casa Amarilla. Y, al cierre de esta edición, una marcha atravesó La Boca uniendo los reclamos por vivienda, espacios de recreación, mejoras en la salud y educación, y el fin de la violencia institucional.  Por Martina Noailles

La Boca en la calle

Con La Boca abierta

Los vecinos salen a la calle. Gritan. Quieren ser oídos. Las condiciones habitacionales, los pibes que mueren en situaciones violentas, la venta de los espacios públicos y la falta de inclusión son motivos más que suficientes para movilizarse y exigir un barrio menos injusto.

No al gatillo fácil  

El 9 de noviembre, Lucas Cabello volvía de la panadería cuando se cruzó con el oficial Ricardo Ayala quien, según testigos, le dio un tiro y luego lo intentó fusilar con dos más cuando Lucas ya estaba en el piso. En la vereda y el pasillo de entrada de Martín Rodríguez 559 quedaron las vainas de la 9 milímetros del policía de la Metropolitana y el sánguche de milanesa que Lucas acababa de comprar en la esquina. La Justicia también secuestró en el lugar la pistola PX4 Storm de Ayala. Sin embargo, apenas se empezaron a juntar los vecinos en el lugar, los compañeros del joven oficial empezaron a circular la versión de un enfrentamiento contra un narco. Ninguno de los que estaban allí la creyeron. Algunos porque habían visto lo ocurrido o habían escuchado sólo tres tiros. Otros, porque conocían a Lucas del barrio y de verlo cuidar coches en el restaurant que está a apenas 50 metros de su casa. 

La versión falsa llegó a los medios de comunicación de la mano de la propia institución policial que, en todo momento, sostuvo que Lucas tenía un arma y no un sánguche en la mano, y que Ayala simplemente se había defendido. Sólo la rápida reacción de los vecinos y de algunas organizaciones sociales del barrio lograron revertir la mentira oficial que buscaba encubrir el gatillo fácil. Bajo la lluvia, cortaron la avenida Brown y, mientras Lucas peleaba por su vida en el Argerich, salieron a gritar lo que había sucedido en realidad. No sólo eso. También contaron que en la cuadra donde vive Lucas y las manzanas de alrededor, los casos de violencia institucional se repiten. Nehuén, Ángel, Emiliano. Con sus nombres y la experiencia acumulada, las familias salieron a la calle a pedir Justicia.

La movilización también logró desactivar el discurso de la, hasta ese momento, vicejefa de Gobierno porteño, María Eugenia Vidal, quien con gran desconocimiento e irresponsabilidad habló de una violencia de género inexistente en el caso. En pocas horas, esa mentira también quedaba al descubierto.

Las marchas por Lucas y por los otros pibes víctimas de la violencia de uniforme se repitieron en las Cinco Esquinas de La Boca. La última fue el día en que el juez Osvaldo Rappa procesó al policía Ayala pero le otorgó la libertad. El magistrado habló de “exceso en legítima defensa” aunque aclaró que no había una sola prueba que indicara que Lucas estaba armado. Es decir, el oficial disparó tres tiros en respuesta a un altercado verbal. Lucas hace un mes que está internado sin saber aún si volverá a mover sus brazos y piernas.

El campito no se vende

El sábado 28 de noviembre un gran festival congregó a decenas de artistas de La Boca. Alrededor de la música, el baile, el muralismo, la escultura y el teatro un único objetivo: exigir que los terrenos de Casa Amarilla sigan siendo públicos. El reclamo hizo pie en quienes defienden la identidad de un barrio que, desde el Estado porteño, se intenta vaciar con una política cultural empaquetada en el negocio for export.  Y con el arte local como herramienta, estos vecinos-artistas subrayaron arriba y abajo del escenario la necesidad de que el campito siga siendo campito y no un mega estadio como pretende el Club Boca Jrs.

Las tierras son objeto de deseo de la entidad xeneize desde hace tiempo y, de hecho, ya obtuvo un sector de ellas sin devolver al barrio la contraprestación social que había acordado cuando la Ciudad se las cedió. Ahora, la idea de la conducción del club en manos del PRO Daniel Angelici es comprar lo que queda del predio para hacer una cancha y otros espacios deportivos, siempre desde una mirada comercial que deja de lado a los vecinos más necesitados del barrio que lo vio nacer. El proyecto de Boca para comprar miles de metros cuadrados a un precio irrisorio y en cómodas cuotas ya fue presentado a la Corporación Buenos Aires Sur, donde avanza a pasos agigantados. 

En paralelo, en la Legislatura porteña espera ser tratada una iniciativa del diputado PRO Oscar Moscariello, en la que se busca que esas mismas tierras sean rezonificadas dando vía libre a la construcción del estadio.

“El campito es de los vecinos y debe seguir siendo un espacio público para la recreación, deporte y cultura”, coincidieron en el festival organizado por La Boca Resiste y Propone y que, también, incluyó un espacio donde las familias de pibes víctimas de violencia social e institucional difundieron su pedido de Justicia. Es que los derechos de los chicos a la recreación, el deporte y la cultura, vulnerados por un Estado porteño que abandona, son fundamentales para evitar que esas violencias terminen con sus jóvenes vidas. 

Los vecinos proponen que los terrenos de Casa Amarilla sean un espacio de utilidad pública tal como determinó el propio Poder Ejecutivo porteño en el año 2010 y que “seamos nosotros, entre todos, los que decidamos sobre el destino de nuestros terrenos”. Al caer la noche, los acordes del blues se mezclaron con los tambores del candombe. El calor no aflojaba. Tampoco las ganas de seguir defendiendo lo que es propio, ahí donde este barrio es tan barrio: en la calle. 

Por un presente con inclusión

“La Boca no es Puerto Madero”. En letras negras sobre cartulina verde, la frase resume una idea tan absurda como real. “Claro que La Boca no es Puerto Madero. A quién se le puede ocurrir semejante comparación!”, podrían decir la mayoría de los vecinos de uno y otro barrio con sólo mirar a su alrededor. Sin embargo, para la gestión que gobierna la Ciudad la continuidad de la ribera sur es un deseo que, a través de sus políticas, busca que se haga realidad. En los últimos años, la histórica población de La Boca se está yendo expulsada por desalojos, incendios y unos precios de alquiler que rozan lo increíble. En su lugar, llegan los especuladores que ven en los conventillos y sus terrenos, buenos negocios inmobiliarios.

La frase fue una de los tantas que se levantaron durante la movilización del 11 de diciembre que partió de Vuelta de Rocha, atravesó el turístico Caminito y terminó frente al complejo de viviendas de Casa Amarilla. La fecha elegida no fue casual: era el primer día de gestión del nuevo jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y si bien ya formaba parte de la administración porteña, su asunción era una buena oportunidad para reiterar reclamos incumplidos y sumarle nuevos.

Exactamente un año antes, los vecinos habían salido a la calle para exigir al Gobierno porteño “que termine con su política de exclusión y expulsión” en el barrio. Y enumeraban: desalojos, incendios, pibes muertos en forma violenta, cierre de programas sociales, y falta de espacios de recreación y deportivos, como las problemáticas más urgentes. Sin respuesta alguna desde entonces, las organizaciones decidieron volver a marchar.

La demanda por vivienda –esto incluye construcción, suspensión de desalojos, reactivación de la ley que permite levantar obras a través de cooperativas y urbanización del asentamiento Lamadrid- no fue la única. Porque en la lista de derechos vulnerados también está la salud –cada vez que las salitas no tienen insumos o personal suficiente- y la educación –con la falta de vacantes, las escuelas sin agua o los gabinetes psicológicos que no alcanzan-. La escasez de centros deportivos y culturales fue otro eje, mientras avanza la venta del único espacio verde grande del barrio. Obviamente no faltó el tema de la violencia institucional y el reclamo por una fuerza de seguridad que no aplique el gatillo fácil ni libere zonas para el crimen organizado. Y es que desde la última marcha del 4 de diciembre de 2014, Nehuén perdió la vida embestido por un patrullero de la Metropolitana; a Emiliano y a Félix los molieron a golpes miembros de Prefectura; la bonaerense baleó por la espalda a Ángel; y a Lucas lo dejó al borde de la muerte las balas de un oficial de la policía porteña.

La consigna que dio origen al espacio que convocó a la marcha sigue vigente y por eso la repitieron: “La Boca resiste y propone. Basta de pibes y pibas muertos en el barrio. Por un presente con inclusión, para un futuro digno”.

 

 

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