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viernes 25, noviembre de 2016

"Somos Barracas"

 El histórico bar La Flor de Barracas es hoy un bodegón donde más allá de lo gastronómico, se respira arte, cultura y la identidad de todo un barrio de arrabal. Cine, charlas, música y cientos de encuentros en un escenario que invita a sentirse como en casa. Por Leandro Vesco

 “El plan para el futuro es infinito”, advierte Carlos Cantini, creador de una realidad paralela que intenta imponer –con éxito- en su notable bodegón “La Flor de Barracas” en la esquina de Arcamendia y Suárez, ese plus ultra barraquense que funciona como un faro, o un ecuador barrial por donde pasan historias, se recrean sabores de comidas familiares y el arte, en su simple concepción, es protegido por propuestas que Cantini piensa para que este bar sea un ambiente común en donde todos los vecinos pasen y disfruten de esa tranquilidad de pulpería urbana.

Para muestra, sobra una idea. En noviembre arranca un ciclo que quiere ser un homenaje a esa divisa porteña por excelencia que creó Discépolo en “Cafetín de Buenos Aires”, al referirse a la “… filosofía, dados, timbas y la poesía cruel”, pero que en La Flor se sincretiza en “Filosofía, dados, mila y la poesía cruel”. Mezcla de peña del pensamiento con un fondo de arrabal y comida popular. “Será una noche que invita a hablar de filosofía, que se lea poesía y que el plato sean milanesas. Lo de los dados es porque vamos a poner un cubilete y el que saca generala cena gratis. Me parece que hablar sobre filosofía mientras se comen milanesas es acercar un debate ausente a una situación cotidiana. Lo mismo con la poesía. Es tender un puente hacia la reflexión sin la formalidad habitual. Arrancamos el jueves 24, pero para 2017 vamos a replicarlo al menos un jueves de cada mes,” detalla Cantini entusiasmado.

Sobre estas mesas, que nunca preguntan, en la esquina más mistonga de Barracas se ve una panorámica fácilmente confundible con una pintura típica de los años idos que vuelven con un espíritu risueño y llenos de consagrado amor por la tradición barrial. El empedrado de Arcamendia invita a soñar. Como lo recordaba Borges, podemos aceptar la idea de una divinidad deficiente, pero de una Barracas sin bares es imposible. “Este barrio existe prácticamente desde el mismísimo nacimiento de Buenos Aires. Entonces el aporte de sus bares y bodegones es vital cuando se traza un perfil de la porteñidad; aunque muchos se han cerrado, el barrio sostiene afortunadamente, ‘templos’ que merecen ser ‘venerados’”.
 
Las actividades en La Flor trascienden el hecho gastronómico que se nutre de un menú auténtico que respeta las matrices de los sabores y aromas típicos de nuestra cocina porteña. La carta lo comunica con un mensaje sugerente que atrae por su originalidad: “Nuestros platos para compartir: Milonga, Puñalada y Atrevida. Todos los platos para compartir salen a caballo (con dos huevos fritos). Porque la patria se hizo a caballo. Y en La Flor hacemos patria” proclama la carta, con entonación de mandato; en simultáneo –y esta es la realidad paralela que tan bien crea Cantini- el bar propone un encuentro cultural que se fundamenta con múltiples actividades: “El plan es que todos los vecinos se apropien de La Flor, que la asuman como parte de su historia familiar. Queremos que todos se sientan como en su casa, que nos visiten como cuando van a lo de un familiar querido. El plan es armar una agenda variada para que todos encuentren su espacio. Ya la iniciamos, tenemos ya instalados Ciclos de Cine Etnográfico que programa la UBA, Ciclo de Cine Argentino Independiente programado por el director Martín Turnes, Paint Nite para venir a pintar y tomarse unos tragos, talleres de escritura, sobre Tés, este mes arrancamos con Filosofía y Poesía, y nuestras Misas de 11 que son charlas sobre gestión cultural”.
 
El sur de la ciudad hoy está en el foco del gobierno municipal. Esa atención que se pidió durante décadas llegó y divide las aguas entre artistas y hacedores de cultura. Barrios vecinos, pero mundos diferentes, La Boca y Barracas transitan esta apretada agenda estatal de festivales y eventos con disparidad, entre el asombro y la falta de costumbre, ambos barrios han respondido con su histórica –y tan rica- identidad. “La movida es mucha e intensa aunque la encuentro desarticulada, segmentada, desarraigada. El gobierno intenta fuertemente impulsar la zona, pero siempre desde nombres o paraguas ajenos al barrio: Distrito de las Artes, Distrito de Diseño, la Usina. Son abstracciones que pareciera que quieren evitar nombres como La Boca o Barracas. Y esa decisión, en el caso de que lo fuera, debilita el mensaje y no consigue involucrar a los verdaderos actores territoriales de esos "clusters" que son los vecinos. Palermo tiene infinidad de denominaciones, pero siempre es Palermo. El sur de la ciudad La Boca, pero sobre todo, Barracas no entran en la toponimia oficial. Por suerte los espacios culturales barraquenses nos unimos y organizamos diferentes movidas, sin la maquinaria publicitaria oficial, pero somos remadores del Riachuelo. Nada nos detiene”.
 
José Gobello escribió que el bohemio concibe su obra, pero no la da a luz. Y tiene –le adjudicaba- la sabiduría de evitarse el desengaño de ver sus sueños destruidos por la realidad. En La Flor de Barracas sucede todo lo contrario: es un espacio que invita a concretar sueños porque este bodegón cultural es un sueño hecho realidad. A fines de noviembre los filósofos y poetas competirán por un patriótico plato de milanesas con fritas a caballo. “Queremos que todos aquellos que quieran saber de Barracas y la historia de Buenos Aires encuentren un referente en la esquina de Suárez y Arcamendia. Los artistas del barrio son todos bienvenidos. Acérquense. Somos Barracas”.
 
¿Dónde?
Av. Suárez y Arcamendia. Fb/laflordebarracas - 4302-7924 
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