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miércoles 28, marzo de 2007

Homenaje a Quinquela, un artista popular

El próximo viernes, a partir de las 12.30, quedará inaugurada la muestra "Quinquela x Quinquela. Una utopía en vigencia" en el Museo de Bellas Artes de La Boca, el mismo que hiciera construir el artista.

Más que rendir homenaje a los 30 años de su fallecimiento, la exposición viene a dar tributo a los 100 años de la llegada de Quinquela al barrio de La Boca, en 1896. La falta de presupuesto y un sponsoreo que tardó en encontrarse hicieron que este festejo se retrasara un año. Allí se podrán ver 36 óleos, 50 aguafuertes y abundante documentación.

Las obras abarcan cuatro décadas de producción, de 1928 a 1968. La parte dedicada a las aguafuertes indaga el momento en que Quinquela trabajó detenidamente la figura humana. A esto hay que agregarle un importante espacio dedicado a la documentación.

El artista ha dejado un total de 60 biblioratos a partir de los cuales se ha ordenado el material fuente en núcleos temáticos: sus orígenes —su llegada a La Boca y su trabajo en la carbonería—; La Bohemia y su vida social —la Peña del Tortoni y la Peña del Tornillo—; la difusión de su obra en el exterior y en la Argentina, su familia, los amigos y la historia de sus donaciones, desde el Museo hasta el Hospital de Odontología.

La exposición, que rondará alrededor de la vigencia de su obra, "girará en torno a las implicancias actuales de su obra, ya que, sigue invitando a reflexionar sobre cuestiones que tienen que ver con nuestra identidad cultural".

Abandonado en la Casa Cuna al nacer, en el año 1890, Quinquela crece junto a sus padres adoptivos en el barrio de la ribera. A los 14 años da sus primeros pasos en política: pega carteles a favor de Alfredo Palacios.

En 1905 trabaja en el Puerto de La Boca como peón de descarga. En 1907 comienza sus clases de dibujo con Alfredo Lázzari, allí conoce a Fortunato Lacámera, Vigo y Facio Hebequer. Rechazado por el Salón Nacional de 1914, organiza el Primer Salón de los Recusados. En 1917 le presentan a Pio Collivadino, quien lo guía. Expone en la mítica Galería Witcomb en 1918 y en 1923 en Madrid, con la presencia de la infanta Isabel.

En 1928 el presidente Alvear le compra una obra para obsequiársela al Príncipe de Gales.

En 1938 gracias a la donación del artista se abre el Museo de Bellas Artes de La Boca. En su testamento procuró dejar en claro que no aceptaba el ingreso del arte abstracto al museo, una forma de asegurar un arte popular. Escribió: "El director del Museo se obligará a mantener a éste dentro de la línea TRADICIONAL FIGURATIVA; es decir, deberá (el Museo) representar la realidad argentina, para difusión de la cultura popular y de los niños. Por lo tanto, no podrán ingresar obras abstractas o sus derivados, ni futurismos, ni tachismos u otros ismos, por haber ya en la capital Museo destinados a esas tendencias".

Fuente: Clarín