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lunes 8, octubre de 2012

Desalojada

Por Martina Noailles

Los tiempos se aceleran. El objetivo se hace cada vez más evidente. La Boca es vaciada de su historia, de su gente. La Boca se hace cáscara, se desvanece, empieza a ser teñida de una identidad impuesta, ajena. Mientras el proyecto de hacer del barrio un distrito “de las Artes” avanza en la Legislatura; el fuego, los desalojos y el aumento del precio de los alquileres expulsan, a un ritmo vertiginoso, a los vecinos que pueblan el barrio desde hace décadas.

El 1 de octubre la Policía Metropolitana desplegó su violencia sobre niños y embarazadas –miembros de 23 familias- que vivían en la ex pizzería San Carlos de Brown y Olavarría desde hace 3 años. Con minutos de diferencia, y sin cámaras de televisión, otras 11 familias lograron que la Justicia posponga un mes la orden para desalojarlos de Suárez y Palos. Tres días después, la escena se repitió en Irala al 1200. Esta vez fueron 6 las familias que quedaron en la calle. Veinte días atrás, el incendio de Necochea y Olavarría dejó sin techo a otras 20.

En menos de un mes, más de doscientas personas debieron buscar un nuevo remiendo que emparche su eterna problemática habitacional. Ninguno, claro, logró una respuesta oficial para la ausencia de fondo.
 
Quienes presten un segundo de atención y miren a su alrededor, podrán registrar que este proceso de expulsión multiplica sus pasos semana a semana. Vía administrativa o judicial, conventillos y viviendas ocupadas son vaciadas a una velocidad récord. Dicen los que saben, que un puñado de apellidos y testaferros están detrás de los juicios que, de repente, entraron en un tobogán desenfrenado. De repente, quienes mantuvieron sus viviendas ociosas durante décadas –sin pagar ningún impuesto diferenciado- mientras otros miles deambulaban en busca de un techo, se acordaron de sus tierras que empezaron a elevar su cotización.
 
La Ciudad mira al sur porque los terrenos en norte y centro ya no alcanzan. Puerto Madero pretende extender sus límites y reunirse con el turístico Caminito por la costanera del Riachuelo. Obviamente que para ese proyecto, los más de 300 vecinos que conforman el asentamiento Lamadrid (y que acaban de ser censados por orden judicial) también estorban. Su destino es incierto. De aprobarse la ley del Distrito de las Artes, los pequeños comerciantes y artistas del barrio serán el nuevo blanco de “un progreso” que llega como topadora.
 
De acá a fin de año, quedan al menos 6 desalojos más. ¿Vecinos, organizaciones sociales, culturales y políticas lograrán unirse para resistir con fuerza el avance del negocio inmobiliario y la política oficial? Si no, sólo quedará correr como bomberos detrás del fuego.