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viernes 19, junio de 2015

El taller de Jacinto

Desde el 10 de abril, la esquina de Quinquela y Hernandarias respira arte. Donde durante medio siglo funcionó un taller mecánico ahora crece un centro cultural con muestras y clases de teatro, canto y música. Por Leandro Vesco

El taller de Jacinto

La Boca resiste ante el avance especulativo inmobiliario. La defensa de la identidad barrial se hace sentir con nuevas apuestas a la cultura y al arte, cada vez son más los espacios que se abren para defender la histórica personalidad de un barrio receptivo a la creación. Hace pocos días en la esquina de Quinquela Martín y Hernandarias en lo que fuera un histórico taller mecánico se abrió un centro cultural transformando un espacio destinado al aceite y las correas en un territorio abierto a las expresiones artísticas, el “Taller de Jacinto”. “La idea aparece cuando comienzo a estudiar teatro y formamos un grupo, propuse ensayar en el taller de mi padre y ahí arrancó el sueño”, cuenta Liliana Olmo, hija de Jacinto, cuya familia está en La Boca desde los primeros años del siglo XX.

 
Cuando La Boca tenía su puerto activo y el barrio se estaba haciendo con las manos y el esfuerzo de los inmigrantes, Jacinto Olmo levantó una casilla en medio de dos terrenos, entonces había poco y nada en la zona, pero La Boca era una tierra rica y su horizonte tenía la luz de la esperanza que era forjada por trabajo y dignidad. “Los planos de tela todavía existen”, comenta Liliana para darle un matiz histórico al sueño. Luego Jacinto edifica casas de chapa y madera, las típicas construcciones que nos identifican en el mundo entero. “Dos de esas casas aún siguen en pie y en excelente estado. Mi abuelo entonces le da la esquina para que se haga un taller mecánico”. En 1963 comenzó a funcionar el Taller de Jacinto Olmo hasta este 10 de abril, cuando se transformó en otra clase de taller, uno destinado a alumbrar con arte esta zona meridional de nuestro barrio, la más postergada.
 
Casualmente a pocas cuadras de allí se levanta Ciudad Molina y tantos otros emprendimientos que amparados por el polémico Distrito de las Artes plantean un nuevo escenario en la dinámica barrial. Que un taller mecánico sea un centro de promoción cultural es la prueba de que no todo está perdido y que le será muy difícil a los que pretenden cambiar al barrio con leds y costosos edificios. “Para que el sueño del taller se haga realidad, trabajó mucha gente. Miguel, mi esposo, Florencia, mi hija y mis hermanos Graciela y Ángel. También fue fundamental el apoyo del grupo Teatres, con Walter y Débora a la cabeza”. Para comenzar a comprar los primeros elementos que permitieron darle forma a la quimera, debieron hacer muchas funciones en un sin fin de lugares para recaudar fondos para comprar los tachos de iluminación. Como todo hecho artístico, hubo que crear y hacer uso del colectivo imaginario para superar los obstáculos económicos que el sistema se encarga de mostrar permanentemente y llevar por la borda los sueños. Pero Liliana, su familia y amigos resistían.
 
El proceso duró dos años. Empezamos con Miguel sacando de a poco todas las cosas que no servían, fuimos desmantelando el taller. Había muchos recuerdos de mi padre, parte de su vida estaba allí, así que no fue fácil, aunque nuestra idea fue conservar aquello que él consideraba que debía quedarse en el lugar. Papá vivió en esa esquina desde los nueve años. Toda su infancia y adultez la pasó aquí”. Miguel y Liliana hicieron un trabajo de hormiga, cargado de emoción por lo que se iba para siempre y mirando a un futuro que no se sabía bien si estaba encaminado. “Pero seguimos adelante”, confiesa, siempre segura y con la mente firme en concretar el ansiado espacio de arte.
 
No es nada fácil convertir un taller mecánico en un lugar en donde se aniden ideas, se monten obras, donde la poesía y las letras crecerán y se aquerenciarán de las paredes y el aire olerá a dramaturgia y sentimiento. “Todos nos pusimos a trabajar. Hubo que hacer la electricidad, los pisos, y entre todos pintamos el frente y el patio, que es un espacio muy lindo, mis amigos donaron la iluminación, así que ya tendremos armados los espacios teatrales”.
 
El 10 de abril, el sueño se hizo realidad y la esquina que antes acostumbraba a recibir autos, se llenó de vecinos que miraban con asombro y emoción cómo todo se había transformado. El día de la inauguración llegó Jacinto y Blanca, su esposa. “Mi papá siempre nos acompañó y apoyó. Cuando entró y vio cómo había quedado todo le temblaban las piernas de la emoción”.
 
Liliana asegura que “el barrio está muy interesado en el taller porque no hay muchos espacios de arte por la zona. Se acercan a preguntar y nos dan mucha fuerza”. De esta manera La Boca recupera un nuevo espacio para que los vecinos puedan formarse en el campo cultural y las distintas personas o grupos que deseen mostrar sus obras tengan un lugar. Con el Taller de Jacinto el barrio le gana una batalla a la especulación y las deseos de muchos de convertirlo en un gran centro de atracciones comerciales.

 

Dónde y qué
 
El Taller de Jacinto Espacio de Arte es un espacio donde se dictan talleres de teatro para adultos y niños, comedia musical para niños, guitarra, tango, yoga, tela, acro yoga, canto y fotografía, además cuenta con un espacio para reuniones, muestras plásticas y fotográficas, y sala para ensayos. La dirección es Quinquela Martín 1201, esquina Hernandarias. Teléfonos 4302-6700 y (15) 5723-4452, email: eltallerdejacinto@gmail.com