Sur, fugazzeta… ¿y después?

“Llega la primera edición de un festival para el paladar”, anuncia el Gobierno porteño. Durante dos días, La Boca se transforma en el escenario ideal del Fugazzeta Fest, una iniciativa privada que promociona la pizza que crearon los inmigrantes italianos hace un siglo, pero con pizzerías de otros barrios y para turistas locales y extranjeros. ¿Quién gana?

Sur, fugazzeta… ¿y después?

En redes sociales aparece un video que arranca con un plano de nuestros dos puentes, le siguen imágenes aéreas de Caminito, la calle Iberlucea, la Bombonera y sobre ese telón un tango bajito y una voz que anticipa que “algo se está cocinando en La Boca”. Funde en negro y letras blancas dicen “Fugazzeta Fest – 23 y 24 de mayo”. 

En un primer momento parecía una buena idea, hasta que las preguntas inevitables comenzaron a rodar: ¿Quién lo organiza? ¿Qué impacto tendrá para el barrio? ¿Quiénes podrán disfrutar de este evento? ¿Quién gana con esto?

La Boca tuvo su momento como lugar de referencia gastronómica y cultural y supo crecer gracias a su gente y no a pesar de ella.

Es que últimamente, cada vez que nos enteramos de una novedad en el barrio, esta pregunta se torna obligatoria: ¿Quién gana? Y el motivo es que desde hace algunos años una lógica mercantilista y expulsiva está copando distintos puntos estratégicos del barrio, como los alrededores de la cancha, Caminito, la calle Necochea, a lo que ahora se suma el intento de privatización de la ribera. Y esta lógica no llega sola, sino que es el propio Gobierno de la Ciudad el que la promueve y la impulsa. Como este festival. Organizado por privados -como Almacén porteño y Jorge D’Agostino- pero con el apoyo oficial del Gobierno porteño. Todo bajo una estética y un ambiente palermitano, muy alejados de la identidad popular boquense.   

“A mí déjame en mi barrio” (Francisco Amor en la voz de Edmundo Rivero)

El barrio de Palermo fue punta de lanza en este proceso de “puesta en valor”. Basta con recorrer archivos fotográficos y testimonios de vecinos y vecinas para darse cuenta de cómo su barrio cambió de piel a partir de la década del ‘90. Donde había talleres mecánicos, fábricas, viviendas de clase media laburante, afloran proyectos inmobiliarios exclusivos, propuestas gastronómicas para pocos y un sin fin de turistas serpenteando las calles. 

Como el negocio parece ser rentable, la epidemia gentrificadora fue copando los barrios cercanos: Villa Crespo, Chacarita, Colegiales, Paternal y la lista sigue. 

Como todo proceso del capital, la gentrificación no es una acción que va en un sólo sentido, sino que es múltiple y coral. No le alcanza con desalojar y levantar edificios, necesita que su acción esté enmarcada en proyectos más amplios que incluyen renombrar zonas del barrio (como los distintos Palermos) para ir brindando mayor exclusividad a sus futuros habitantes, inundar de comercios nuevos que desplazan a los históricos -como es el caso de la proliferación de los cafés de especialidad- y el moño: una narrativa que instala que todas estas acciones “abonan” a la identidad del barrio.

Dime de dónde vienes

A medida que pasaban los días y se acercaba el “Fugazzeta Fest”, la propuesta en homenaje a la creación de Juan Banchero fue tomando una impronta distinta a la que explicó uno de los organizadores en las redes sociales: “el evento está realizado por gente que vive y trabaja en el barrio, que ama el barrio y quiere poner en valor su patrimonio gastronómico, clave para la cocina porteña”.

El evento era de entrada gratuita y vendía “combos anticipados” por portalentradas.com. Proponía dos recorridos distintos: el principal y más convocante era el del “predio”, en la esquina de Iberlucea y Suárez, donde se instalaron puestos de pizzerías “invitadas” que llegaron de otros barrios, como Burgio, Fugazi, Roma del Abasto, El Padrino, Pizza Zën y Antonito. Durante dos días, por allí pasó gente -la mayoría turistas extranjeros y locales- que además de pagar una porción de fuga, una fainá y una bebida de 15 a 18 mil pesos, participó de charlas, música en vivo y el espectáculo de la murga Los Amantes de La Boca.

Al otro recorrido los organizadores lo llamaron -y diferenciaron- como “circuito barrial” e incluía algunas pizzerías y comercios de La Boca como La Perla de Caminito, Café Proa, Banchero, Augusto y Los Campeones de Barracas.  

“Crear nuevos mundos sin salir de ellos” (Benito Quinquela Martín)

Al volver al anuncio del organizador por redes sociales, no podemos evitar pensar en los feriantes de Vuelta de Rocha expulsados de su lugar histórico para que el Bar La Perla instale más mesas. O en lo lejano que resulta el Museo PROA y su café para las y los vecinos. En este contexto y detrás de una supuesta puesta en valor del barrio, parece evidente que esta propuesta abona a una forma de estar en el barrio que tiene más que ver con la creación de circuitos turísticos que con la pertenencia, la identidad y su historia. 

La Boca tuvo su momento como lugar de referencia gastronómica y cultural y no fue dejando de lado al barrio sino nutriéndose de él. Las cantinas de la calle Necochea fueron lugar de festejo, reunión y celebración. Al mismo tiempo que generaban trabajo, las milongas y espacios donde se bailaba y tocaba música en vivo eran organizadas por los mismos vecinos y vecinas, incluso los murales y obras de arte que todavía podemos ver por las calles de nuestro barrio fueron hechas por artistas que vivían y viven en La Boca. El barrio supo crecer gracias a su gente y no a pesar de ella.

Walter Chao, vecino nacido y criado en el barrio, nos trae una imagen del cotidiano barrial: “Hace 65 años solía ir a Banchero a comer unas pizzas de cebolla que se hacían hasta las 10 de la mañana. Una vez que pasaba ese horario, se regalaban las porciones sobrantes a los pibes que se acercaban a la pizzería. Recuerdo también que en otras dos ocasiones, 1964 y 1965, cuando Boca salió campeón, luego de vender una cantidad de pizzas regalaban el resto pagando solo la bebida”. Esto que nos cuenta Walter es uno de los tantos testimonios que dan muestra de la relación entre los comercios del barrio y su gente en un momento en que crecía económica y culturalmente día a día.

Muchos vecinos y vecinas creemos que el camino es “generar desarrollo económico, trabajo y turismo a partir de la riqueza cultural, la identidad barrial y el patrimonio histórico del barrio”, como plantean las familias de la Mesa Vecinal La Boca en su proyecto de integración Paseo de la Cultura. Y tenemos la certeza de que es posible porque esa es la historia de nuestro barrio.