El lazarillo del Riachuelo

En El Galpón de Catalinas este fin de semana podrá verse Lazarillo del Riachuelo, una obra de Gonzalo Guevara con máscaras y títeres, que ofrece una versión libre de La vida de Lazarillo de Tormes, e invita a reflexionar sobre la problemática de las infancias de la calle.

El lazarillo del Riachuelo

Gonzalo Guevara es docente, dramaturgo y actor. Desde el año 2000 participa y gestiona talleres y obras dentro del Grupo de Teatro Catalinas Sur. Este año, decidió darle cuerpo y voz a su monólogo “El lazarillo del Riachuelo”, que se presenta actualmente en el espacio comunitario de La Boca.

Lázaro es un pibe nacido en la Isla Maciel que sale a buscarse la vida como puede, desde sus 8 años. La historia está contada por su versión futura, siendo un hombre mayor que retrata cada una de sus desventuras por sobrevivir, entre títeres, máscaras y objetos reciclados que cumplen varias funciones, según la escena. En un tono tierno, irónico y despiadado, muestra los vicios y actitudes sociales a las que se enfrentan muchxs jóvenes e infantes en situación de calle. 

-¿Cómo surgió esta idea? A partir del título podemos imaginar que tiene relación con El Lazarillo de Tormes...

-Así es, es una versión libre del Lazarillo de Tormes. Si bien gestiono y trabajo en la dirección y la docencia del Catalinas, este proyecto surgió de mis entrañas personales. El año pasado cuando nos cerraron el teatro, nos quedamos sin nada. En un intento por no enloquecer, empecé a buscar un laburo solista que hace años no hago por trabajar en colectividad. Releí materiales y me encontré con esta obra que es una novela española de autor anónimo del siglo XVI, antes del siglo de oro español. Podríamos decir que es la primera novela en español. Ahí, me di cuenta que desde hace 500 años tiene la misma vigencia. Él cuenta que nació a orillas del Río Tormes. El lazarillo es el guía de perros. Se encuentra con su primer patrón, un ciego que le va enseñando los manejos de la calle. Luego un cura. Luego un hombre de campo. Actualicé los personajes pero me di cuenta que pasa lo mismo. El trabajo y el abuso infantil, la prestación del hombre por el hombre, hace 500 años no habia capitalismo pero pasaba lo mismo. En este caso, me surgió que el cartonero viejo cuente su historia y que con su carro y su bolsa recree la historia. Con títeres de tamaño natural y cambios de escenografía para hacerlo yo mismo en vivo.

-¿Cómo comenzaron a trabajar donde la presencialidad fue intermitente y limitada?

-Empezamos a jugar con moldes de máscaras, pintando con bocetos de mi compañera que es artista visual. Ahí la convoqué a Claudia Quiroga para empezar a trabajar el traspaso de la obra literaria a la obra teatral. Pasar del 1600 al Buenos Aires de hoy. Actualizar el conflicto. Todo el primer trabajo fue releído por zoom. Una vez que tuvimos un primer texto, y avanzamos con escenografía, vestuario y títeres, empezamos a trabajar online, probando las distintas escenas. El primer contacto presencial lo hicimos en diciembre haciendo una pasada general. Ahí paramos hasta mediados de febrero y nos mudamos al galpón de Catalinas, para probar un espacio más grande, poner luces, ver como funcionaba. También lo sumamos a Pablo Brié para hacer la música original. Detrás de mí, está el dream team, un grupo de muchas personas de diferentes ámbitos artísticos.

-¿Qué sintieron al volver al teatro?

- Para mi el teatro presencial es irremplazable. Después tenemos otros lenguajes que serán placebo, pero no es teatro. Empezamos a juntarnos de manera presencial a hacer ensayos, teníamos que ver cómo se conectaba cada episodio. Faltaban ver las conexiones entre el vestuario, los títeres y la escenografía. En abril nos volvieron a encerrar, otro mes más de probar cosas, ahí la obra paró un mes. Cuando se reabrió decidimos hacer como estaba, meter 4 funciones y estrenamos. 

En este sentido, empezamos en la grada grande, el teatro tiene la posibilidad el doble frente. Entonces la directora propuso que hablemos desde un posicionamiento político. Nos interesó hablar de eso. Que la gente vea esas gradas vacías, rojas, visibilizando el vacío cultural que generó la pandemia. Además, que pase a través del escenario, rodeando la basura. 

-¿Pudieron sostener el teatro a lo largo de este tiempo?

-El teatro está siendo apoyado por subsidios y el grupo de teatro también. No hubo un apoyo excesivo de Nación y Ciudad. Como no están aplicando para los proyectos que tienen, lo distribuyen en pequeñas perlitas. Es mejor eso que nada, pero no hay real presupuesto y apoyo por lo que la pandemia nos impuso. La luz, el agua se pagan como si estuviera abierto. 

-¿Cómo relacionan la obra respecto a nuestra realidad barrial?

-Cuando la obra empezó el año pasado era muy divertida, después nos dimos cuenta que era un bajón, cada vez más changueros, más vendedores, más cartoneros, todos estaban ahí. Cada vez había más cantidad de gente en el recorrido desde mi casa, cerca del Parque Lezama, hasta el teatro. Después le encontramos el equilibrio de la tragicomedia, es una pintura del barrio. Alguien me decía que nació en Maciel y es un estigma. Para mi no es un estigma, hay orígenes que son así. La gente que viene a vivir a La Boca. Es un poco la historia del barrio, no queremos estigmatizar. Podría haber nacido en Zavaleta o en Fraga, o en Pedro de Mendoza y Caboto, o en Avellaneda. Las dos caras de la misma moneda. El tipo sale a ganar el mango. No lo criminalizamos. 

-Hay una combinación interesante entre tu monólogo, el uso de los títeres y la puesta en escena que acompaña desde las luces. El final es un buen resumen de nuestra actualidad boquense...

-Salimos a la calle a sacar fotos del barrio, con gente del barrio, vendedores ambulantes, para mostrarlo. Nos metimos con el lenguaje audiovisual, con el rap de Los viajes por los mundos de Simón, uno de los pibes que forma parte del elenco de niñes y es tremendo.

-¿Cuál es su proyección a partir de este estreno?

-El desafío es tener 3 versiones: versión de sala, con luces. Una más corta de calle, para ir a donde sea, centro de menores, a la cárcel, espacios que lo necesiten. Luego hace la versión audiovisual con el colectivo NUDO. Esta cosa híbrida que sea por ahí, con animación, stop motion, por ahí mezclar los planos de lo que suceda en el teatro y en la imaginación. No es teatro ni es audiovisual. Es un nuevo pacto con el público ¿Qué podemos hacer desde nuestro rol? Ponerle poesía, contarlo con belleza. El horror también tiene belleza, es un poco eso. Después nos debatimos para qué edad es esto: ¿Para niñes? ¿adolescentes? si, por ahi es largo, pero lxs padres que van con niñxs entienden todo y se la re bancan ¿Es para toda la familia? Si. Estamos en la nueva etapa del camino ¿cómo es? Me encantaría hacerlo en secundaria. En algunos secundarios se trabaja este libro o ver la versión streaming y que pueda laburarse desde un marco pedagógico. 

El Lazarillo del Riachuelo tendrá funciones el sábado 24 y el domingo 25 en Catalinas Sur a las 19 hs. En El Galpón de Catalinas, Benito Pérez Galdós 93, La Boca.

 

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia: Gonzalo Guevara

Titeres: María Bressanello

Intérpretes: Gonzalo Guevara

Vestuario: María Bressanello

Escenografía: María Bressanello

Iluminación: Stefany Briones Leyton

Sonidista: Pablo Torres

Música original: Pablo Brie

Fotografía: Laura Casalnuovo

Entrenamiento vocal: Sandra Baylac

Asistencia de dirección: Laura Casalnuovo

Dirección: Claudia Quiroga