Preocupación por el presente y el futuro del Museo Quinquela

Tras la salida de Víctor Fernández, el museo pasó a la órbita del Ministerio de Cultura que aún no designó nueva dirección. Con el recambio, crecen las dudas sobre la conservación del patrimonio, el mantenimiento de Caminito, los contratos de las y los trabajadores y los proyectos de articulación con la comunidad. 

Preocupación por el presente y el futuro del Museo Quinquela

El Museo Benito Quinquela Martín atraviesa un proceso de transición con más interrogantes que definiciones. Aunque el gobierno porteño anunció una nueva directora, la designación formal de Romina Piccaluga aún no llegó y, por el momento, la institución permanece sin conducción.

El escenario se produce pocas semanas después de la salida de su anterior director, Víctor Fernández, tras más de una década al frente del museo. En diálogo con Sur Capitalino, Fernández había advertido sobre un proceso de desgaste marcado por recortes de personal, problemas de infraestructura y una creciente marginalización en el organigrama porteño.

En ese contexto, el reciente traspaso del museo del Ministerio de Educación al de Cultura aparece, en términos generales, como un paso esperado y largamente planteado como más acorde a la naturaleza de la institución. Desde Cultura, presentaron la incorporación del Quinquela Martín como parte de una ampliación de la red de museos porteños y como “una acción trascendente para la comunidad artística y los vecinos”. Sin embargo, la forma en que se está implementando el cambio abre nuevas dudas. 

La medida fue oficializada por decreto y establece que ambas áreas deberán coordinar las condiciones del pase, pero sin precisiones concretas sobre cómo se reorganizarán funciones clave ni en qué plazos se completará el proceso. 

Uno de los puntos más sensibles es el de la conservación y restauración patrimonial. En el caso de Caminito, la normativa vigente establece que su preservación —junto con las obras allí emplazadas— se canaliza a través del Museo. En los últimos años, el equipo abocado a ello fue paulatinamente reasignado a otras funciones, lo que ya había impactado en el mantenimiento de ese espacio emblemático.

En este nuevo escenario, no hay información oficial sobre el destino de esos equipos ni sobre si esas funciones continuarán bajo la órbita del Museo. Las consultas de Sur Capitalino al Ministerio de Educación no obtuvieron respuestas concretas y fueron derivadas a Cultura, donde tampoco hubo precisiones.

La falta de información alcanza también a otros aspectos, como la continuidad de programas y proyectos de articulación con la comunidad, una de las marcas distintivas de la gestión saliente y del propio legado de Quinquela. Ese vínculo territorial aparece hoy entre los interrogantes abiertos.

En ese contexto, la propia Piccaluga señaló que no puede brindar declaraciones ya que su designación aún no fue formalizada. La situación deja al museo en una posición particular: sin nombramiento efectivo de la directora, con un traspaso en marcha que no termina de definirse y con áreas clave sin un horizonte claro. El Quinquela transita así una etapa en la que el desafío no parece estar en el cambio de órbita, sino en las condiciones en que ese proceso se concrete y en las decisiones que se tomen sobre su futuro.

Al cierre de esta nota, trascendieron nuevos elementos que suman preocupación. Se avanzaría en el cobro de una entrada al museo —hasta ahora bajo la modalidad de bono contribución voluntario—, aunque aún no se informó su valor ni cómo se implementaría. Además, a la fecha trabajadores y trabajadoras del museo desconocen cuánto van a cobrar tras la caída de los contratos anteriores; en el marco de esta transición, señalan que desde el 1 de abril no cuentan con obra social para ellos y sus familias.