Más que una casa, una red
Las Casas de las niñas, niños y adolescentes son espacios fundamentales en los barrios del sur donde la desigualdad golpea a diario a las familias. Desde el juego y la recreación, se construye un entramado de sostenes y se sueña futuro. Allí nació Colapso Temporal, una muestra de arte que llegó al Museo Moderno. En el día de las infancias, nos zambullimos en la experiencia.

Sobre el pasaje Padre Daniel de la Sierra, a metros de la parroquia Caacupé, en la Villa 21-24, un montón de niñas, niños y adolescentes reciben el invierno con comidas, actividades recreativas y espectáculos. Lo hacen en una de las grandes “moles” que se levantan en el barrio, en el galpón de la Casa de las Niñas, Niños y Adolescentes de la Asociación Civil “Pensarme un Futuro”.
Al igual que el CEMAR, la Escuela Nº 12 y la Casa de la Cultura, su estructura remite a las antiguas estaciones ferroviarias que, desde tiempos históricos, se distribuían en las cercanías del Riachuelo. Lugar donde cientos de vecinas y vecinos, antes, trabajaban como obreros. Aquella vieja estructura ferroviaria hoy está habitada por rayuelas, metegoles, mesas de ping pong, sogas, bolitas y todo tipo de juegos. También hay espacios de asesoría para las infancias en salud, educación, alimentación, documentación y todo aquello que esté al alcance de los profes. Donde alguna vez hubo trenes, hoy hay infancias jugando, creando y construyendo nuevos horizontes.
El espacio es parte del programa de desarrollo de Niñez y Adolescencia del Gobierno de la Ciudad, y la sede de Barracas funciona desde 1990. “Luego abrimos otro punto en Illia, Bajo Flores, otro en La Boca y el último en Lugano. Somos maestros, psicólogas, antropólogos, historiadores. Atrás hacemos todo un laburo de acompañamiento familiar e individual, construyendo un tejido social con la comunidad”, resume Manuel Rentero, coordinador institucional de la Casa.
El viaje de Colapso Temporal es una forma de decir que las infancias también tienen derecho a construir su propio tiempo y a imaginar otro horizonte.
Ese tejido se construye también a lo largo del tiempo. A medida que pasan los años, desde las Casas se encuentran con mamás y papás que alguna vez fueron chicos y participaron del programa. “Ahí conectás toda la trayectoria de vida de esas familias porque eso que vivieron en el programa fueron momentos muy felices”. El juego, la escucha y el acompañamiento en momentos difíciles son parte de ese vínculo que atraviesa generaciones.
Pero las infancias cambian y, con ellas, también cambian las preguntas que aparecen dentro de las Casas. La pandemia dejó marcas, la tecnología modificó las formas de vincularse y la escuela enfrenta nuevos desafíos.
-¿Qué temas les preocupa de las infancias en esta coyuntura?
-Manuel: Lo que más conversamos entre docentes es el lugar que ocupa en la vida de los niños y niñas el celular. Además, después de la pandemia muchos llegan a quinto grado con lectoescritura de primero y esto no es una falla meramente de la educación pública sino un combo de cosas en un contexto de vulnerabilidad. También conversamos sobre la salud mental, cómo construir herramientas para que ellos dejen de temer al encuentro, al compartir, a la socialización. Pero el programa cambia siempre, porque las infancias también lo hacen. Nuestro rol es adaptarnos a ellos.
Ese desafío también está atravesado por el territorio. Las Casas se distribuyen principalmente en las comunas del sur de la Ciudad, donde se concentran numerosos barrios populares y donde las desigualdades sociales atraviesan la vida cotidiana de las familias. “Estamos trabajando con unas 500 infancias en todas las sedes, pero nuestro rol va más allá de ellos, es con sus familias y la comunidad. Tenemos vínculos con las salitas de salud, las escuelas, oficinas de documentación, las parroquias”.
En ese entramado, el arte aparece como una herramienta transversal. No solamente como una actividad recreativa, sino como otra forma de encontrarse, expresarse y construir algo en común. “Cualquier expresión ayuda y más allá de la diversidad de disciplinas de los profes tratamos de explorar aquello con lo que no estamos tan cancheros para construir algo diferente con los chicos. Así es como llegamos a la muestra que presentamos en el Museo Moderno durante las vacaciones de invierno”, contó Manuel.
El resultado de ese proceso fue Colapso Temporal, una muestra que se presentó en el Museo Moderno de San Telmo entre el 18 y el 23 de julio y que reúne el trabajo desarrollado durante años por las distintas Casas. La propuesta está compuesta por una serie de murales e instalaciones tridimensionales elaboradas con elementos reciclados, juguetes, pinturas y dibujos. Son obras pensadas para ser recorridas e intervenidas, donde la interacción también forma parte de la experiencia.
“Cada Casa eligió un tiempo en el cual viajar para luego inventar ese momento como es desde la óptica de las niñas y niños utilizando diversos materiales. Son proyectos integrales donde trabajamos todo tipo de lenguajes, entonces es un poco complejo resumirlo. La muestra consiste en cinco murales que representan cinco espacio-tiempos”.
No hubo una única dirección para ese viaje. El resultado fue construido a partir de lo que las niñas y los niños querían imaginar: tres de los murales viajan hacia el futuro y dos hacia el pasado. Son tiempos inventados desde su propia mirada, alimentados por la imaginación y por los materiales que encontraron para hacerlos posibles.
En el viejo galpón donde alguna vez circularon trabajadores y mercancías, hoy circulan otras cosas: preguntas, dibujos, juegos, recuerdos e imaginaciones. Las niñas y los niños que pasan por las Casas no solamente reciben acompañamiento: también producen una mirada sobre el mundo que habitan y sobre el mundo que imaginan. Quizás por eso el viaje de Colapso Temporal no sea solamente hacia el pasado o hacia el futuro. Es, sobre todo, una forma de decir que las infancias también tienen derecho a construir su propio tiempo. Y que, en un barrio atravesado por tantas urgencias, jugar, crear y ser escuchado también puede ser una manera de imaginar otro horizonte.