Sin salida

Una de cada cuatro personas que pidieron préstamos en La Boca no puede pagarlo. En promedio adeudan 4 millones y medio de pesos y la mitad de esas deudas son con billeteras virtuales, supermercados y prestamistas informales. Hablamos con vecinos y vecinas que no pueden salir del laberinto y están cada vez peor.

Sin salida

Las personas endeudadas conforman el nuevo fenómeno de esta crisis. Ante la brutal caída en los ingresos, las políticas de Javier Milei dejaron una sola salida a quienes no llegan a fin de mes: endeudarse. Con las tasas altas, y sin mejora en el bolsillo, pagar las deudas se vuelve una odisea, y el nivel de mora es el más alto desde el 2002. El asunto golpea más en zonas con mucho empleo informal, y La Boca, por caso, es el barrio con más incumplimientos en pagos de toda la Ciudad de Buenos Aires. En barrios populares, como la Villa 21-24, seis de cada diez personas está endeudada, para comprar comida o pagar el alquiler y evitar un desalojo.

Para mostrar de manera gráfica esta situación, el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC), con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert (FES), publicó el “Mapa de la Deuda”. Con registros de la Central de Deudores del Banco Central actualizados a fines de julio, desagregó los datos según zona geográfica, tipo de endeudamiento y franja etárea, así como el monto promedio que se debe. La tasa de mora indica cuál es la proporción del monto en mora sobre el monto total del dinero adeudado.

A nivel nacional, el Mapa de la Deuda muestra una tasa de mora del 17,94%, más del doble del índice que había solamente hace dos años. Lo que da cuenta de una espiralización de la situación, donde cada mes, personas que hasta entonces estaban al día, ya no alcanzan a cubrir sus mínimos.

La Boca, el más endeudado

En la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con mayor PBI per cápita, la tasa es del 12,45%, más baja que el promedio del país. Pero si miramos el mapa por barrios, podemos observar lal desigualdades en el territorio porteño, donde el este y noreste tienen los menores incumplimientos en pagos incluso con deudas por mayores montos, y al sur le toca, nuevamente, padecer mucho más la situación.

La Boca es, de acuerdo al Mapa de la Deuda, el barrio con la tasa de mora más alta de toda la Ciudad, con el 22,01%. Si se mira a nivel individual, la cosa es aún peor. De los 24.911 deudores totales registrados a finales de julio, 6.649 estaban en esta situación: es decir que más de uno de cada cuatro boquenses endeudados no llega a pagar los montos necesarios para no caer en esta consideración. En Núñez, es uno de cada diez. 

“Es una rueda: compro con la tarjeta de crédito para el mes, cuando cobro, pago mis deudas y me quedo sin plata. Entonces vuelvo a la tarjeta”.

En promedio, cada persona que está en situación de mora en La Boca debe casi 4 millones y medio de pesos (4,43 millones), una cifra que está muy lejos de un ingreso promedio y que permite entender por qué es tan difícil salir de esa situación para miles de vecinos y vecinas.

Sur Capitalino consultó a muchas de ellas. Sus testimonios, más allá de algunas situaciones particulares, dejan ver un panorama común: la deuda nace ante la imposibilidad de llegar a fin de mes, aun contando con ingresos fijos, y se pide un nuevo préstamo para poder cubrir otros. Con la situación generalizada, es complejo conseguir una ayuda externa: familiares y amigos están en la misma. El laberinto es, entonces, cada vez más sinuoso.

M.P. tiene 39 años, vive en La Boca y trabaja en la cooperativa de comunicación FM Riachuelo. Es madre soltera y vive con su hija de 12 años. “Con este Gobierno nunca llegué a fin de mes. Estoy endeudada con el banco y con la billetera virtual, y fui teniendo una escalada en el endeudamiento. Primero, empecé a pagar los servicios a cuotas, y a comprar mercadería con tarjeta de crédito. A medida que iba pagando, las cuotas subían y en un momento alcancé solo a pagar el mínimo. Hasta que llegué al punto de no poder pagar más y acudir a las billeteras virtuales. Hoy debo cerca de 4 millones de pesos”, comenta. 

Así, se encuentra mes a mes ante una elección desesperante: “Tengo que elegir qué servicio pagar para no llegar al corte. Cada mes voy pagando uno, y al mismo tiempo que cada vez sea menos lo que compre para consumir o la higiene de la casa”.

En su testimonio, la vecina hace también hincapié en la asfixiante presión que los bancos ejercen sobre los deudores y todo su entorno. “Te van localizando de todos lados y llaman a mi mamá, mi hermana, mi amigo, a los ex, a cualquiera que me conozca para decirles que tengo una deuda y presionar”, explicita.

Los intereses suben, los ingresos no

M.E. es docente, tiene 30 años y vive junto a su pareja y su hija también en La Boca. A ellos se suma su mamá, jubilada, que con los haberes que percibe no llega si quiera a comprar la totalidad de remedios que necesita, desde que PAMI dejó de brindar cobertura gratuita. “Estoy endeudada con Banco Ciudad y Tarjeta Naranja”, dice. Y detalla que sus deudas “son para comprar comida”. “Es una rueda: compro con la tarjeta de crédito para el mes, cuando cobro, pago mis deudas y me quedo sin plata. Entonces vuelvo a la tarjeta”, detalla.

“Hoy debo 3 millones de pesos a Naranja y 8 millones al Banco Ciudad, entre la tarjeta y préstamos. Pero con los intereses, sube todos los meses”, cuenta. Su relato describe otra parte de la problemática: por intereses e impuestos, nadie sabe cuánto va a tener que pagar al mes siguiente. “Es comer o pagar”, dice G.M. vecina de La Boca, 48 años y sin trabajo. Ya le debe al Banco Santander y a las tarjetas Carrefour y Naranja un total de 3 millones y medio de pesos. 

Para muchos vecinos, los montos de deuda superan por lejos lo que llegan a ganar mensualmente, incluso teniendo varios empleos. N.S. hace actualmente trabajos de ayudante de albañil, es feriante y community manager. De su familia, compuesta además por su mamá, la pareja de ella y su hermano, es quien más ingreso tiene, y por eso, quien más aporta para afrontar una deuda que los envuelve, que hoy alcanza los 8 millones de pesos. 

“Yo de los 800 mil pesos que aproximadamente gano, tengo que poner todo para pagar lo que se pueda de la deuda. Y me quedo con 100 mil con los cuales tengo que pagar la garrafa, el celular y la comida del mes”, cuenta. “Hasta febrero, que yo calculo poder terminar con todo esto, sé que vivo en la indigencia. Me quedo quieto, porque si me junto a tomar mate con mis amigos ya son diez lucas. Y tengo que estar rezando que no se me rompan las zapatillas o me pase algo con alguna muela, porque ahí no tendría cómo cubrirlo”, se sincera. El vecino, que vive en la Villa 21, destaca que en su caso, la deuda fue contraída con conocidos (“no transas”, explicita), lo que hace que los intereses no sean tan devastadores. 

Pero en los testimonios, además de las billeteras virtuales, se mencionan los supermercados como “Tarjeta Carrefour” y las casas de electrodomésticos. Una de ellas, Coppel, al tener una sede en Pompeya, es una de las alternativas a las que recurren les habitantes de este barrio popular. En La Boca, más de la mitad de los montos con mora (el 55,61%) se adeudan a proveedores no financieros.  

Verdad y consecuencia

Estos relatos son solo algunos dentro de decenas a los que tuvo acceso Sur Capitalino. Son personas, familias, vidas cotidianas cada vez más complicadas, con consecuencias cada vez más profundas. Los especialistas aseguran que será difícil salir de este drama sin un giro en la política económica nacional. 

“No es cierto que el gobierno no está interviniendo en las relaciones entre privados: lo hace inclinando la balanza hacia los sectores más poderosos. Desde que asumió Milei, viene llevando adelante una política de desregulación de tasas de interés que impactan desfavorablemente en los hogares endeudados. Hoy las familias están usando el crédito no para consumir más, sino para no consumir menos y ese mecanismo ya llegó a su límite”, cuenta Celina Celore, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO).

“Cuando el costo financiero de refinanciar la subsistencia supera con creces el crecimiento de los salarios, el colapso de la cadena de pagos, tarde o temprano, se vuelve inevitable. El récord histórico de morosidad bancaria y el estallido de la irregularidad en las tarjetas de crédito y plataformas Fintech son la consecuencia directa y matemática de un modelo macroeconómico que busca ‘sanear’ al Tesoro y al Banco Central a costa de asfixiar financieramente a los hogares”, agrega.

Celore plantea que el Gobierno tiene la posibilidad de refinanciar masivamente deudas desde la banca pública o volver a regular las tasas para que el refinanciamiento sea sostenible. “Pero la solución más general y que además traería alivio a todos los sectores, no solo a los endeudados, es recomponer ingresos de la población”, enfatiza. 

Los recientes discursos del presidente Milei y el ministro de Economía Luis Caputo, que prometieron mantener y hasta endurecer el rumbo económico, parecen adelantar que desgraciadamente, la luz al final del túnel no está cerca para las miles de personas endeudadas, y que el drama social que trajo esta crisis hundirá a más gente en ella.

 

“Pensé en volver a la villa”

La problemática del endeudamiento tiene su costado propio en la Villa 21, donde los ingresos son todavía menores. Paz Ochoteco, coordinadora de la Fundación TEMAS, de activa presencia territorial, menciona que los habitantes del barrio hacen “desde rifas, la venta de lo que pueden o de comida” para juntar dinero y pagar parte de las deudas.

En los complejos a donde fueron relocalizadas las familias que vivían en el Camino de Sirga, el drama se agrava. “Al endeudamiento cotidiano se suma el que tienen con las empresas prestatarias y los servicios. El riesgo es grande porque corren riesgo de ser desalojados o que les interrumpan el servicio, entonces es más todavía lo que deben”, dice Paz.

En primera persona, dos vecinas le ponen voz a lo que viven. C.P. es madre de 4 hijos, todos en edad escolar. La AUH es su único ingreso. Vive en el Complejo Alvarado y cuenta con angustia: “Debo expensas en el edificio que habitamos, aparte de tener que pagar los servicios propios del departamento. No nos alcanza para nada, y a veces pienso que fue un error haber sido relocalizados. Pensé hasta en volver a la villa”.

J.L. vive en el mismo complejo con sus dos hijas y su madre discapacitada. “Nos visten en Cáritas en la Parroquia Caacupé y comemos en los comedores de lunes a viernes. Los sábados y domingos son un drama”, confiesa. Ella está endeudada con una billetera virtual, y con los servicios. “Ya nos cortaron el gas y estamos atrasados con el alquiler. Me da impotencia y vergüenza”, describe, con gran dolor.