No te quiero verde

En la Ciudad de Buenos Aires, la desigualdad también se mide en árboles. Mientras el norte concentra nativas, sombra y planificación, el sur acumula cemento, especies inadecuadas y abandono. Las Comunas 4 y 8, las mismas que detentan los peores indicadores de vivienda y servicios básicos, son las que tienen menos acceso a espacios verdes públicos. Así se desprende de una investigación que realizaron estudiantes de la UBA.

No te quiero verde

Cuatro estudiantes de la Diplomatura en Comunicación Política de la UBA, a cargo de los docentes Víctor Taricco y Abelardo Vitale, pusieron números y territorio a una percepción extendida en la Ciudad de Buenos Aires: los bosques urbanos no se distribuyen de manera equitativa. La investigación cruza datos oficiales, informes ambientales, relevamientos sociales y llega a una conclusión contundente. En la Ciudad, los arbolados se concentran en los barrios del norte y Puerto Madero, mientras que el centro y sur, donde vive una parte significativa de la población más empobrecida, queda relegado por las políticas públicas verdes.

Alicia Aquino, Noel Garbiso, Malena Vera y Nelson Santacruz partieron la investigación desde el último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas, en 2022. Allí se indicó, por ejemplo, que el 70% de las viviendas precarias se concentra en las Comunas 1, 3, 4, 7 y 8 (centro y sur porteño). En total, estas comunas representan más del 34% de la población de CABA y son también las comunas con peores indicadores de acceso a servicios básicos: menor conexión a la red de agua, electricidad, cloacas y gas natural.

En Barracas hay apenas 0,13 árboles por persona y en Lugano, sólo 0,14. En contraste, barrios del norte como Belgrano o Saavedra llegan a triplicar esa proporción.

El trabajo del grupo refleja que la Comuna 8 aparece de manera reiterada como la más crítica, con más del 30% de hogares que dependen de garrafas y los peores registros de saneamiento; luego le sigue la Comuna 4. Justamente ambas reúnen los conventillos de La Boca, la Villa 21-24, la 1-11-14, Zavaleta, Fátima, Carrillo, Piletones, Calacita, La Veredita, Ciudad Oculta, Villa 20, entre otros. Y esta desigualdad social, estructural, se superpone con la ambiental.

El último Informe de Cobertura Vegetal, de 2019, muestra que las comunas del sur son las que tienen menos árboles por habitante y menos acceso a espacios verdes públicos. Cabe señalar que este relevamiento lleva siete años sin actualizarse. El mismo indica que en Barracas, Comuna 4, hay apenas 0,13 árboles por persona y en Constitución, Comuna 1, el número cae a 0,09. En Lugano, Comuna 8, la relación es de 0,14 árboles por habitante. En contraste, barrios del norte como Belgrano o Saavedra llegan a triplicar esa proporción.

La calidad del arbolado urbano también se distribuye de manera desigual y reproduce la misma lógica de exclusión. En CABA, el 40% de los árboles de alineación son fresnos americanos (Fraxinus pennsylvanica) y cerca del 9% son plátanos (Platanus x acerifolia), dos especies exóticas, alergénicas y contrarias al espíritu de la Ley de Arbolado Público Urbano, que establece la prioridad de especies nativas.

Esta composición -que la mitad de los árboles no sean autóctonos- impacta de lleno en el índice de biodiversidad, genera desequilibrios ecosistémicos, agrava problemas de salud respiratoria y profundiza lo que las propias leyes oficiales describen como “una pérdida de la identidad rioplatense”. Eso investigaron en la diplomatura y, aunque alrededor del 50% del arbolado restante corresponde a especies nativas, su concentración se da mayoritariamente en las zonas más ricas del norte porteño, donde hay más parques, mayor mantenimiento y planificación verde sostenida. En el sur, en cambio, predominan los árboles de peor calidad ambiental, plantados por su bajo costo y resistencia al cemento.

Por ello, los estudiantes explicaron en su trabajo que “no se trata solo de cantidad, sino también de calidad”. El Plan Maestro de Arbolado Urbano del GCBA, entre sus tomos de 2013 y 2023, muestran que el 61% de los árboles de la Comuna 3 son fresnos americanos; el 54% de los árboles de la Comuna 4 también son fresnos y, en el caso de la Comuna 8, representa un 33%. Son números muy elevados de “árboles precarios” e ilegales, al no respetar la prioridad que se le tiene que dar a especies autóctonas.

El propio Plan Maestro advierte que esta homogeneidad daña la biodiversidad y genera un desequilibrio ecosistémico. El impacto no solamente puede leerse en capacidad de sombra para amortiguar el desequilibrio climático notorio en los últimos años, sino que se extiende en diversos daños para los habitantes del sur: focos de calor, contaminación sonora y de aire, menor capacidad de absorción ante inundaciones, alteración profunda en la fauna y flora local y menor calidad de vida para las y los ciudadanos.

Informes como los de TECHO en 2025 alertaron que las muertes por olas de calor en Argentina crecieron un 85% en las últimas dos décadas y que, en la Ciudad de Buenos Aires, el riesgo de muerte por causas naturales aumenta un 14% durante estos eventos extremos, con mayor impacto en niños y adultos mayores. En barrios populares, además, tres de cada cuatro basurales se ubican a menos de 500 metros de las viviendas, según un relevamiento de La Poderosa y ACIJ, lo que agrava la exposición ambiental. Y el mismo informe subrayó que, a nivel nacional, el 61% de los vecinos de las villas expresaron no tener un árbol cerca de su casa. En síntesis, las villas tienen más microbasurales cerca que arbolados.

Hay ejemplos recientes en las comunas del sur donde la falta de voluntad política expone a los vecinos ante el mercado. Por ejemplo, a mediados del año pasado, en Lugano, una megaobra impulsada por la gestión de Jorge Macri avanzó, pese a los reclamos vecinales, con más asfalto. El Gobierno destinó cerca de 5 mil millones de pesos a nuevas autopistas, mediante una licitación a Autopistas Urbanas Sociedad Anónima -que también tiene enormes negocios en los peajes-, reforzando una vez más un modelo urbano que prioriza el cemento por sobre el arbolado y consolida una desigualdad ambiental estructural.

El diagnóstico realizado en esta diplomatura de la UBA acentuó que en 2013 la gestión de Mauricio Macri fijó la meta de 450 mil árboles para la Ciudad de Buenos Aires. Luego de 10 años, los datos de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta reconocieron la existencia de 414 mil árboles. No cumpliendo con sus propios objetivos. Mientras tanto, Jorge Macri celebró plantar 18 mil árboles en 2024, cuando en ciudades como Nueva York ya se plantan 100 mil al año. Para agrupaciones ambientales especialistas, CABA ya debería contar con al menos 700 mil árboles distribuidos y cuidados para que no queden abandonados.

En este contexto, el colectivo Basta de Mutilar Nuestros Árboles y otras organizaciones ambientales impulsaron un proyecto para crear el Instituto del Bosque Urbano y lo presentaron en la Legislatura porteña en 2024. La iniciativa busca planificar el arbolado con criterios ambientales y sociales, articulando con las comunas más afectadas. Pero está cajoneado, no avanza por ningún lado.

El mapa del arbolado porteño confirma que la desigualdad ambiental no es un efecto colateral, sino una decisión política sostenida en el tiempo. Comunas como la 4 y la 8, atravesadas por mayores niveles de pobreza estructural, peores servicios básicos y mayor exposición a riesgos climáticos, siguen siendo las más postergadas en la gestión verde de la Ciudad. Mientras el norte concentra árboles nativos, sombra y planificación, el sur acumula cemento, especies inadecuadas y abandono estatal. Repensar el arbolado como política pública redistributiva no es solo una consigna ambientalista: es una condición mínima para garantizar salud, equidad urbana y derecho a un hábitat digno.