Yo tenía un amigo que era mi barrio
Palabras de despedida a Fabián Schivo, vecino de La Boca. El patio del San Juan Evangelista, el fútbol de potrero, Boca, su amistad como puente, sus viajes sin apuro, el barrio. El adiós de su amigo Pablo López Fiorito.

El solo nombrarlo era una garantía de que vos eras de ese lugar. Mi amigo era la síntesis perfecta, entre los italianos y gallegos de fines del siglo XIX y principios de XX, con los migrantes de las provincias interiores de los 30 y 40, con los compatriotas latinoamericanos que llegaron en las últimas décadas. En él se juntaban todos, en él estaban todos. Yo pude decir que era de mi barrio cuando él me reconoció y a partir de ahí, otros me empezaron a reconocer, como uno más. Con solo decir “conocés a Schivo” era una demostración que era de La Boca. Yo que había llegado tarde al mismo (recién a los diez años) me costó sentirme parte. Con él me sentí parte, es que todos eran parte con él. Él era Fabián Schivo, que nos dejó un 22 de julio de 2026.
La Boca tuvo a su Maradona, mejor dicho, un Fabián Schivo
Cuando lo vi jugar, yo que no jugaba, quedé maravillado. En realidad, todos los que lo veían jugar quedaban maravillados, hacía unos jueguitos que parecía que iba a tocar la pelota con la mano y se reía, vos quedabas de garpe. Un Maradona en las canchas del Napoli. Le divertía jugar y cómo jugaba!!! A diferencia de los que muchos podían hacer con sus capacidades, dedicarse al fútbol, él eligió que el fútbol sea su diversión. No era que no era competitivo, solo que sabía que su vida se iba a pasar en una concentración, con los sacrificios que ello implica y el fútbol dejaba de tener sentido. “Un desperdicio”, decíamos. “De lo que se perdió Boca Juniors y la Argentina”, se comentaba. Fabián era uno de los millones que eligieron y eligen divertirse con el fútbol, raros en estos días donde todo se monetiza. Donde el fútbol es una posibilidad de ascenso social.
El patio de San Juan Evangelista de La Boca, el colegio donde compartimos el secundario, se iluminaba cuando Fabi agarraba la pelota. Los viernes en el ateneo, y los sábados en el oratorio, reía, gambeteaba, gritaba, todo era hermoso.
Un solo Barrio
Nuestros barrios tienen límites invisibles, calles que separan un territorio de otro. En La Boca, “La plaza Solís o el bajo”, “Suárez” “Barrio Chino” “Plaza Matheu” “Catalinas”. Fabi hilvana todo el barrio, lo unía a través de las anécdotas que contaban los distintos vecinos que lo habían visto jugar en los potreros, en las plazas, en las canchas del barrio. A veces, su influencia traspasaba a otros barrios, como San Telmo o Barracas. La magia, y el relato de lo que hacía, unían a ese barrio disperso. Pero no era sólo la magia del fútbol, en la cancha, con las gambetas y demás piruetas era el carisma que tenía. Uno podría decir que es el fútbol el que genera el carisma, y de vuelta pensar en el Diego. Fabi era un paquete hermoso, con una vitalidad y ganas, armaba y quería.
Pero no era una figura para ver por televisión, con despliegue escénico. Fabi tenía ideas y elecciones marcadas. Hincha de Boca hasta la médula “el más grande”, “aguante boquita”, decía todo el tiempo (aunque cuentan leyendas que hay fotos de chico con la camiseta de River), peronista de Cristina Kirchner, elecciones deportivas y políticas que podrían alejarlo de determinados paladares futbolísticos y/o políticos. Sin embargo, todos lo querían y respetaban. Porque siendo claro en sus definiciones, no generaba barreras inaccesibles, sino que tendía puentes. Su velatorio era un poco como el velatorio del Diego, todos con camisetas distintas, todos un barrio, llorándolo, no sabiendo que íbamos a hacer sin su presencia. Muchos quizás no nos elegiríamos, ni estaríamos juntos, pero ahí, en ese lugar difícil y triste nos damos un abrazo, recordándolo.
“Por eso sos mi amigo”
Era una de las frases de cabecera de Fabi. Él tenía siempre algo que reivindicar de cada uno, a todos le decía lo mismo. Pero no era una frase “conformista” que intentaba quedar bien con todos, era una fe ciega en la amistad. Por supuesto que él tenía sus preferencias y sus gustos, pero eso no le impedía intentar acercarse a los demás desde sus especificidades. Cuando en la pandemia, mi delirio de poeta, me llevó a imprimir un libro para cerrar una etapa, él fue el único de mis amigos del barrio que me compró el libro y, por supuesto, lo leyó y lo comentó. Él apostó por mí. Ni siquiera siendo yo alguien habitual en su rutina, como para que lo hiciera por compromiso, era su forma de construir la amistad. Y de creer que en alguna forma hay que generar sentido, contar lo que vivimos, decir lo que pasa. Pero como lo hizo conmigo, en un aspecto particular, lo hizo seguramente para muchos. La amistad como ejercicio, tomarse el tiempo, escuchar, acompañar.
“Hay que disfrutar”
Esa era otra de las frases que tenía. Pero no era un disfrute individual, era un disfrute que convidaba, que te invitaba a estar. Esa forma de siempre intentando el encuentro, el momento significativo. Cuando arrimamos a los cuarenti tantos, nos empezamos a juntar con todos los que transcurrimos el secundario. Y bueno, como pasa en cualquier grupo humano que se reencuentra después de 20 años, o 15 o 10, reaparecen las diferencias y cada uno arrastra sus vicios. De más de 30 o 40 personas, Fabi hablaba con todos. No tenía un hígado para los amigos, los escuchaba, los visitaba, y a todos les recomendaba no perder tiempo con “viri, viri”, “disfrutar la vida”. Con su señora, Roxana, se recorrieron pueblito por pueblito gran parte de la Provincia de Buenos Aires, tranquilos, en tren, sin apuros, disfrutando. Nos mandaba fotos de todos los lugares, para tentarnos a visitar, para que nos dieran ganas. La vida era hermosa en los ojos de Fabi, había cosas para hacer y darle sentido. En estos momentos vitales y mundiales, donde el trajín diario y las pantallas nos sacan las ganas de todo, el método que Fabi proponía, es la única forma de salir de una sociedad que genera tantos sinsentidos.
“Yo soy del barrio, soy de la Boca, que suerte loca pertenecer a ese barrio, a esa gente”
Y bueno volvemos al principio, un hombre que es un Barrio, que es alguien que atraviesa cada una de sus partes, que recorre todas sus calles. Que nombrarlo es hablar del lugar desde donde venimos y en gran parte lo que queremos ser y vivir. Si hay modelos de hombres, de lo que tenemos que ser, Fabi fue en parte el modelo a seguir.
Es justo lo contrario, el día a día, de una sociedad deshumanizada, con falta de empatía hacia el otro, con carencia de lugares donde encontrarse. Otra frase, que siempre utilizaba para invitarnos a su casa en San Vicente “alguien en zona”. Porque Fabi siempre buscaba el encuentro. Sobre todo, encuentros amplios que sumen a muchos y diversos. Se nos fue alguien que encarnaba el mejor espíritu que La Boca generó, un barrio de amigos, sin importar lo que piensen o de donde vengan. Sólo dejar un fuerte abrazo a Roxana su señora y a sus hijos, en esta gran pérdida. Ojalá, Fabi querido, podamos honrar tu recuerdo, con nuevos espacios de encuentro. Siempre deudores, gracias.
Pablo López Fiorito, vecino de La Boca.