Patrimonio en peligro

Los negocios inmobiliarios que el Gobierno porteño habilitó sobre los terrenos de la ex Ciudad Deportiva de Boca no sólo ponen en riesgo a las especies de la Reserva Ecológica. La cúpula de la confitería que está en el predio de IRSA es un gran vitral diseñado por el artista Benito Quinquela Martín. No hay respuesta sobre su preservación.

Patrimonio en peligro

Hace unos meses nos sorprendimos con la noticia de que una vez más, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanzaba en el desarrollo de un emprendimiento inmobiliario sobre las costas del Río de la Plata, más precisamente sobre el predio conocido como Ex Ciudad Deportiva de Boca.

Se trata de unas 40 hectáreas adquiridas por el club en la década del 60, en el que originalmente se pretendía construir un mega estadio con capacidad para 140 mil personas, pero finalmente terminó siendo un complejo recreativo diseñado para disfrutar de sus instalaciones, donde no faltaba un acuario, juegos de lo más innovadores, piletas, puentes, fuentes danzantes y una confitería de lo más extravagante, llamada Neptuno, donde se daban cita numerosas personalidades de la élite de la época.

Ahora, la Legislatura porteña aprobó que el predio pase de uso deportivo a uso residencial y que el grupo IRSA pueda construir allí un barrio de torres vip. Pero más allá de la gran resistencia que generó entre los porteños, por tratarse de un proyecto impulsado para desarrollar viviendas de lujo que priva al resto de los y las habitantes de la Ciudad de la posibilidad de disfrutar de las costas de su río, la noticia despertó el alerta en torno al patrimonio que esa zona contiene.

Por un lado, el patrimonio natural. Con tantos años de abandono y de no transitarse la zona, se ha generado un humedal, con vegetación nativa y especies de animales que se alimentan de ellas y generan un extenso ecosistema habitado por una gran biodiversidad. El impacto que la construcción de torres podría tener sobre ese patrimonio sería muy grande. El gobierno de la Ciudad no presentó estudio de impacto ambiental, un paso esencial para que la Legislatura porteña pueda aprobar cualquier tipo de emprendimiento. Se aprobó igual.

Sumado a ello, se halla el patrimonio cultural. En el interior del predio se encuentra la confitería Neptuno, construida en 1967, con un techo en forma de volcán, de estilo arquitectónico brutalista. En el techo del salón principal se encuentra un gran vitral cenital diseñado por el artista boquense, Benito Quinquela Martín. IRSA nunca generó ninguna acción de preservación de estos bienes del patrimonio cultural de la ciudad. El GCBA no catalogó estos elementos como patrimoniales y no ha informado qué va a hacer con esos bienes, cómo los va a preservar o el destino que les espera ahora que el convenio se convirtió en ley.

El vitraux diseñado por Benito Quinquela Martín para el techo de la Confitería Neptuno, da cuenta de la estrecha relación que el artista mantenía con el club. De hecho en 1971, le pondrían al salón principal de la confitería su nombre, en un acto que contó con múltiples personalidades de la época, de la cultura, de la política y del deporte.

En la obra se observan las características figuras portuarias del gran maestro, en una técnica nunca antes ni después utilizada por el artista. Se trata entonces de una pieza única, a total intemperie, de la que no se conoce el destino.

Se trata como se dijo, de un patrimonio natural y cultural en peligro. En el caso del humedal, el impacto que las obras tendrán sobre la vida de las especies que lo habitan y en el caso del vitreaux qué destino tendrá esa pieza única de un artista que por amor al club amarillo y azul se animó a incursionar en una técnica que nunca había usado para dar cuenta de un mismo mensaje, su amor por el puerto, por los trabajadores y por La Boca.