Tormenta de racismo
La Policía de la Ciudad volvió a realizar este jueves un megaoperativo en las barriadas populares del territorio porteño que incluyó más de 1500 efectivos, helicópteros, drones y cámaras de televisión. Sólo detuvieron a 17 personas por delitos menores e incautaron 192 vehículos en una puesta más efectista que eficiente.

La operación, bautizada "Tormenta Negra 2", comenzó pasadas las 18 en los asentamientos 31 de Retiro, 21-24 de Zavaleta, Carbonilla, Fraga, Rodrigo Bueno, Mitre, Ciudad Oculta, Villa Lugano, Inta, Bermejo, Mugica, 1-11-14, Cildañez, Piletones y Fátima.
De los 17 arrestados, 11 fueron por comercialización de estupefacientes, tres por tenencia, dos por tentativa de robo —uno de ellos un menor de 17 años de Los Piletones— y uno con pedido de captura vigente.
“Para los que vivimos en los barrios es evidente que no tienen ningún resultado, que solamente sirven para agredir, para estigmatizar. Y además lo hacen en un horario muy jodido, porque lo hacen entre las 6 y las 8 de la noche, que es cuando la gente viene de trabajar”, explicó el legislador Alejandro “Pitu” Salvatierra.
Según el legislador, a la mayoría de los detenidos se los llevaron por resistencia a la autoridad o por no tener documentos. Por eso, “salvo dos o tres”, “la mayoría van a salir en libertad mañana”.
“Ayer, extrañamente, se persiguió en especial a personas con problemas de adicciones y a personas en situación de calle, porque nosotros tenemos gente en situación de calle dentro de los propios barrios”, aclara.
Para el Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS): “Se trata de un modo de entender la ciudad y el derecho a la ciudad con un abordaje racializante y con límites de clase. Es una política que decide qué cuerpos van a ser controlados por la policía, qué familias van a ser desalojadas sin garantías, qué personas deberán demostrar una y otra vez que tienen derecho a quedarse y cuáles tienen que mostrar su documentación en las estaciones de trenes y subtes”.
“La guerra contra los pobres habla de la pobreza en políticas públicas de la gestión actual de la ciudad. Y del solapamiento de un abordaje que se anuncia como control de actividades delictivas con la persecución de las estrategias de supervivencia. De este modo, la ciudad se fragmenta cada vez más”, sostienen.